REVISTA DE POR ACÁ

Con el objetivo de mostrar la cultura regional en todos sus aspectos, apareció en su segunda época en 2007, en formato electrónico.

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También la puedes descargar, en formato pdf: volumen 1 y volumen 2.





jueves, 31 de diciembre de 2015

Creadores y Forjadores: Conrado Acevedo Cárdenas

Vianka R. Santana
(La Jornada Baja California)

Conrado Acevedo Cárdenas.  (Foto: jornadabc.mx).
De semblante sereno, voz pausada, armoniosa, con una lucidez y claridad mental envidiable, Conrado Acevedo es un hombre que tiene cientos de historias contadas y por contar. Visionario y con gran sentido de arraigo por su tierra natal Tijuana, habría de migrar temporalmente a inicio de los años 50 hacia el centro del país, para al igual que muchos otros, continuar su instrucción académica ante la ausencia de escuelas de nivel medio y superior.

Egresado del internado de Agua Caliente (Instituto Técnico Industrial), con una formación casi militar y una trayectoria iniciada como líder estudiantil, con el espíritu avivado por el legado vasconcelista y la singularidad y pasión de los pioneros de la oratoria como José Muñoz Cota, ingresó a la Facultad de Derecho en la Universidad Autónoma de México para después, a los veintiún años, lanzarse a una tarea que a la vuelta de décadas continúa su marcha: el registro y la reivindicación histórica de su amada Tijuana. De esa manera en 1955 ve publicada su primera obra: Tijuana, ensayo monográfico, escrita con la intención de plantear en el marco de una feria comercial en la que se tenía prevista la presencia de inversionistas, una panorámica del patrimonio cultural que ya para entonces representaba la frontera. A partir de ahí se definiría para siempre el trazo de una vida apegada a los libros, al registro histórico, una vida que ha tenido como brújula las coordenadas de la identidad bajacaliforniana.

Conrado Acevedo a muy temprana edad no solo vio publicada una primera obra, sino que también tuvo la oportunidad de mostrar sus capacidades como gestor y sensibilizarse sobre las necesidades sociales, a través de su desempeño como secretario en las oficinas del Senado de la República trabajando al lado de Esteban Cantú y Leopoldo Verdugo, senadores por Baja California de 1954 a 1958. Y fue justamente en las oficinas del Senado donde coincidió por primera vez con Rubén Vizcaíno Valencia, con quien poco a poco habría de construir una amistad que duraría toda la vida, y que aún hoy persiste en la confluencia permanente entre las ideas de uno y otro promotor, aunque Vizcaíno ya no esté presente.

A diferencia de otros que se van o que se han ido para no regresar, para negar a la distancia y con el tiempo su ciudad de origen, o de aquellos que sueñan con migrar a una ciudad de mayores posibilidades para el desempeño profesional, Conrado tuvo la visión y el compromiso por regresar, permanecer y más allá de eso, trabajar para propiciar nuevas condiciones que permitieran a las generaciones venideras desarrollarse de una manera integral y en reconocimiento de su ciudad en tanto que riqueza cultural e histórica.

Pero es en esta suerte de compromiso con Baja California que al trasladarse a Rosarito, decide iniciar ahí una intensa labor a través de la fundación del Centro Histórico y Cultural Calafia, espacio que se volvería el epicentro para la difusión del talento artístico y la reflexión en torno a la historia.

Conrado Acevedo ha sido piedra angular en la fundación y promoción de importantes proyectos en nuestro estado tales como la creación de un clúster cinematográfico en 2009, coordinar los festejos del centenario de la defensa heroica de Tijuana en 2011, dar vida y sentido a la Fundación Acevedo, que cada año celebra y reconoce el trabajo y la trayectoria de bajacalifornianos destacados.

Entre sus libros y publicaciones se cuentan: El caso del Rancho Tijuana (1958), Echeverría y su pensamiento educativo (1974), Rosarito, ensayo monográfico (2001), Crónica de playa de Rosarito (2004), Rosarito, vida municipal: 1955-2205 y Rosarito. Educación y cultura (2006) y ahora recientemente en agosto de 2015, la reimpresión de su primer libro Tijuana, ensayo monográfico, versión en la que destaca un prólogo de David Piñera, y una semblanza a cargo de Gabriel Rivera Delgado. 

Conrado Acevedo ha sido reconocido a nivel local, regional y nacional, con destacados premios y distinciones en las que se cuentan: Forjador de Rosarito y Tijuana, y al Mérito Turístico (2000), Cronista vitalicio de Playas de Rosarito (2003), Forjador de Forjadores (2006), Mérito Cívico Ciudadano (2007), Medalla al Bajacaliforniano Distinguido (2009),  máximo reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Ciudades Mexicanas (2012), y este día 11 de septiembre de 2015, en el marco de la inauguración de las VII Jornadas Vizcaínas, recibirá el Premio Rubén Vizcaíno, en una ceremonia que se llevará a cabo en el Centro Cultural Tijuana a las 19 horas.


Hace unos días tuve la fortuna de ser recibida en su casa, entrar a su espacio y escuchar de viva voz algunos de los pasajes memorables aún nítidos en su memoria.  Conrado Acevedo se autodefine como "un servidor público, promotor cultural, escritor, historiador y cronista, defensor permanente de los valores de Baja California y la Metrópoli de Tijuana", pero ante todo es un hombre cabal, sensible, con una visión y un compromiso que a la vuelta de 60 años de búsquedas y empeños, le ha traído el reconocimiento pero sobre todo, que le ha hecho ganarse un lugar en la historia de nuestra entidad.

Obtenido el 31 de diciembre de 2015 de: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:kp_EyEOMkVUJ:jornadabc.mx/tijuana/11-09-2015/creadores-y-forjadores-conrado-acevedo-cardenas+&cd=6&hl=es-419&ct=clnk&gl=mx

lunes, 16 de noviembre de 2015

En vilo, el programa de orquestas infantiles en Baja California

Redes 2025 es un proyecto a largo plazo para reestablecer el tejido social y enfrentar la violencia desde la infancia con la formación musical. Es el que Baja California instituyó en 2010 con grandes resultados. Parece una broma, pero los 17 centros que se han levantado en 22 comunidades de la entidad, están en peligro por omisión burocrática de la Sedesol local, cuyos directivos negaron 4.3 millones de pesos del presupuesto.


JUDITH AMADOR TELLO
15 DE NOVIEMBRE DE 2015 
REPORTAJE ESPECIAL

Los niños que participan en Redes 2025.
(Foto: 
http://www.proceso.com.mx}.
MÉXICO, DF (Proceso).- Entre los varios mitos que han rodeado a la ciudad de Tijuana, Baja California, está el de haber sido por décadas un páramo cultural o una especie de territorio donde las identidades se diluían, tanto como la frontera que permite el flujo migratorio entre México y Estados Unidos.

“La tercera frontera” quiso llamarle el empresario Antonio Navalón, o “Tijuana la horrible” tituló –para burlarse del mito– el escritor Humberto Félix Berúmen en su libro donde cuenta la historia de esta aún enigmática y contrastante ciudad símbolo de todo lo negativo (Proceso, 1437): “narcotráfico, violencia, inseguridad, prostitución”. Y podría añadirse: degradación urbana, caos…

Y es que Tijuana tiene su propia identidad, en cuya construcción han contribuido de algún modo proyectos como la Orquesta de Baja California, fundada por Juan Echevarría y Eduardo García Barrios, que al cumplir veinte años de existencia participó con otras instancias en la creación del proyecto Redes 2025:

“Un programa –según la propia definición, en sus documentos– de formación musical dirigido a niños y adolescentes de Baja California de entre siete y 14 años de edad, con especial énfasis en aquellos que viven en zonas de alto riesgo y en condiciones de marginación y pobreza (en el cual) la enseñanza de la música es el elemento central en la promoción de valores y de capital cultural como base para que los participantes puedan construir mejores condiciones de vida personal, familiar y de sus ecologías sociales inmediatas.”

Pera más allá de las definiciones conceptuales, basta con ver imágenes de las colonias en las que habitan muchos de los niños que acuden al programa, observar en videos las condiciones en las que viven o asisten a la escuela y escuchar sus testimonios, para entender que se les ofrecen al menos unas horas de remanso por las tardes, cuando no la verdadera expectativa de hacer de la música el sentido de sus vidas.

Sin embargo el programa, cuyos resultados motivaron a Enrique Peña Nieto a instruir a Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), para que lo reprodujera en diversos estados de la República con el fin de reconstituir el tejido social y contribuir a solucionar los problemas de violencia, está ahora –como el país– en vilo:

Redes 2025 desaparecerá si no recibe 4.3 millones de pesos, que representan un 40 % de sus ingresos; cubrirían así pagos a profesores, viáticos y gastos de trasportación, principalmente, correspondientes a 2015. Y es que debido a una “omisión burocrática” cometida por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) del gobierno de Baja California, podría quedar sin presupuesto y sin continuidad.

Así lo explicó a Proceso, vía telefónica, Alfredo Álvarez Cárdenas, presidente del Patronato de Amigos de la Orquesta de Baja California (PAOBC), y de la Fundación de Artes Musicales de dicho estado, quien destaca que además de acercar a niños y jóvenes en situación de pobreza y violencia a la música, Redes 2025 es un semillero de talentos para nutrir a la OBC.

Mencionó, como prueba de su éxito a cuatro jóvenes: Santiago Rojo Acosta (fagot), Michelle Annete Cisneros Chavarría (oboe), Elliott Jesús Arias Álvarez (percusiones), y Daniel Alexis Polo García (corno francés), quienes han participado como músicos invitados en la OBC, mientras que éste último, con César Cárdenas Saldaña (viola) y Joel Misael Haros Sánchez (trompeta) ya colaboran como monitores (auxiliares) de profesores del Programa Redes 2025.

Y detalló la situación:

“Es un dinero que hemos tenido durante los últimos seis años y que en conjunto con otros 25 fondos –algunos particulares–, han hecho posible este trabajo. El dinero del programa está sujeto a revisión de sus objetivos, lo cual nos viene bien porque es justo así como trabajamos, y no había ninguna razón, ni técnica ni de auditoría, para negarle (el presupuesto).

“Fue una omisión burocrática de la Sedesol de Baja California que no realizó las gestiones pertinentes ante la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano local (Sedatu), encargada de otorgar un aproximado de 4.3 millones de pesos. Ahora no puede destinarnos el monto –que conforma un 40% de nuestro presupuesto total–, porque las fechas ya cerraron y no hubo ninguna gestión para nosotros. Buscamos a Sedesol en diversas ocasiones para saber de los trámites, pero nunca tuvimos respuesta pese a insistir, escribir y llamar en diversas ocasiones.”


Como El Sistema

El programa Redes 2025 fue construido a semejanza del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, creado por el músico y economista José Antonio Abreu, conocido como “El Sistema”, y del cual egresó el afamado director Gustavo Dudamel, actual director de la Orquesta Sinfónica de Los Ángeles.

Se fundó en 2010 de los Núcleos Comunitarios de Aprendizaje Musical del Conaculta, retomando la experiencia pedagógico-musical de Sergio Ramírez Cárdenas, exdirector del Sistema Nacional de Fomento Musical y actual subdirector del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En la actualidad atiende a 2 mil 33 alumnos y alumnas y ha dado instrucción musical básica y media a más de 5 mil 500 durante los casi seis años de su existencia. Se conforma por 11 ensambles orquestales, ocho coros comunitarios y tres grupos de iniciación musical con niños y jóvenes de 22 comunidades de Baja California.

Todos los participantes asisten un promedio de 18 horas de clases semanales, en “una segunda escuela”, en palabras de Álvarez Cárdenas, donde tocan instrumentos como violín, violas y violonchelos; flautas y oboes; corno y arpa, clarinete y fagot; y contrabajo, percusiones, trompeta, trombones y tuba.

El programa se desarrolla en colonias como Mariano Matamoros, Camino Verde y Granjas Familiares, polígonos que el Programa de Convivencia Ciudadana consideró estratégicos para prevenir la violencia pues existen altos índices de pobreza y condiciones educativas deficientes.

Ante la presión ejercida por el patronato, la fundación, e incluso los medios de comunicación locales, el gobierno californiano otorgó un millón 800 mil pesos, pero el resto del presupuesto está en el limbo y con ello se pone en cuestionamiento la permanencia del Programa Redes 2025 para el próximo año.

Siguió Álvarez Cárdenas:

“Ahorita estamos dando la pelea en el Congreso local, en Sedatu y con el gobierno del estado, para completar lo que falta, la responsabilidad es de Sedesol que no respondió y estamos esperando resolverlo antes de que acabe el año.”

Incluso explicó que enviaron el oficio PAO/036/2016 con fecha de 13 de agosto dirigido a Enrique Peña Nieto, titular del ejecutivo federal (recibido por la Dirección General de Atención Ciudadana el 17 de agosto), con copia al gobernador de Baja California, Francisco Vega de Lamadrid; Jorge Aztiazarán, presidente municipal de Tijuana; Rosario Robles, entonces secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal; y a Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, para solicitar su intervención.

“Nos dirigimos en un oficio a Enrique Peña Nieto porque fue él quien en sus primeras actividades culturales como presidente (el 12 de diciembre de 2012), inauguró el Centro de Artes Musicales (CAM), sede de Redes 2025 y de la Orquesta de Baja California, y ahí dio instrucciones a Tovar y de Teresa para que nuestro modelo de enseñanza comunitaria se replicara en todo el país –explicó–. Estamos tratando de movernos por todos lados para no perder el programa.”

En la carta se detalla que se atienden a 950 niños y niñas impactando a 4 085 familias, y le recuerda que “prometió su apoyo a través del Compromiso Presidencial No. IP-013 para que dicho centro (el CAM) siguiera desarrollando el Programa Redes 2025”.

La carta solicita su intervención para cumplir con dicho compromiso, y evitar afectar a las familias y comunidades que beneficia el programa –así como a los más de 30 055 asistentes anuales a los conciertos de difusión musical y artística de Baja California–.

Situado en Tijuana, el CAM se construyó en 2010 y fue inaugurado en 2012 por Peña Nieto. Además de albergar a Redes 2025 y a la OBC, es sede del Programa de Coros, el Liceo, la Escuela Superior de Canto y Ópera (que cambiará de nombre), la Tijuana Music School, la Baja Musical Arts Initiative de Nueva York, además de la Fundación de Artes Musicales y PAOBC.

Los niños y jóvenes de Redes se han presentado con programas en el extranjero en Nueva York, Miami, Massachusetts, Idaho y San Diego, en Estados Unidos; Ferrara, Milán, Bolzano y Nápoles, en Italia; y Málaga, en España.

El programa está diseñado para que, de acuerdo al plan estratégico del Patronato de Amigos de la OBC, alcance su madurez en los próximos 10 a 12 años, tiempo aproximado que le tomaría a uno de los participantes convertirse en un músico profesional y formar parte de una orquesta sinfónica de Baja California o coro sinfónico, en caso de que lo deseara.

El trabajo está planteado para que un niño o joven realice estudios los tres primeros años en Redes 2025, posteriormente curse del cuarto al octavo año clases en las orquestas de nivel medio y superior en el Programa Jóvenes Talentos, y finalmente otros cuatro años para alcanzar la madurez y poder conformar una sinfónica mayor, según se lee en el cuadernillo Educación musical para integración humana y comunitaria, realizado por el patronato, en la serie Jóvenes en Riesgo, editado en marzo de este año.

Detalló Álvarez Cárdenas:

“Esto va ligado a la Orquesta de Baja California, cuyos integrantes son profesores de Redes, y que a sus veinticinco años y con grandes presentaciones es muy pequeña, tiene veintiún ejecutantes y necesita una dotación mayor de músicos pues tiene un repertorio que se repite mucho, hay deserción de músicos porque no se les da un aliciente a largo plazo para seguir, en fin, ese es otro flanco de batalla.”

Cabe recordar que en 1992, tras la llegada a Baja California el primer gobierno panista con Ernesto Ruffo Appel, la OBC se enfrentó también a amenazas de reducción de presupuesto porque el gobernador consideró que la agrupación “no es parte de las prioridades del estado”. Entonces los integrantes, alumnos de música y la sociedad se movilizaron para protestar.

El cellista de la agrupación Sasha Grashenkov confió en aquel momento (Proceso, 823):

“La cultura se va a desarrollar en Baja California, pero sería mejor que eso ocurriera hoy, y no esperar una o dos décadas. Estoy seguro que el gobierno debe amar a la cultura. No puede ser que no le importe el arte.”

Dos décadas después, la OBC –dirigida por Eduardo García Barrios, y previamente por el guitarrista Roberto Limón– y la Fundación de Artes Musicales están de nuevo peleando al Congreso local la duplicación de presupuesto, de ocho a 16 millones de pesos anuales, para poder realizar producciones:

“Queremos formar una orquesta de cámara (con 36 integrantes), y el programa de Redes está enfocada a nutrirla en un futuro, incluso en ocasiones los alumnos más avanzados han tenido la oportunidad de colaborar en algunos repertorios no tan complicados con la OBC, y ya hemos tenido éxito con músicos que ya son integrantes de esa orquesta, ese es uno de los primeros resultados”, dijo orgulloso del programa Álvarez Cárdenas.


Compromiso

En relación al problema presupuestal que enfrenta ahora Redes 2025, el Sistema Nacional de Fomento Musical, dirigido por García Barrios, envió un comunicado a Conaculta, en el cual expresa que “ha reconocido en los últimos tres años la importancia que el Sistema Redes 2025 de la Fundación de Artes Musicales (FAM) de Baja California ha tenido en el marco del Movimiento Nacional de Agrupaciones Musicales Comunitarias impulsado por nuestra institución”.

Agrega que ha brindado apoyo a la Fundación “con recursos financieros y humanos, habiendo contribuido en el 2015 con la cantidad de tres millones de pesos para el desarrollo de este importante proyecto”.

Y garantiza:

“Reiteramos nuestro compromiso para que estos apoyos continúen en el futuro.”

Álvarez Cárdenas precisó a Proceso que el Conaculta, a través de Fomento Musical, es “una de las 50 instituciones que apoyan con recursos (3.4 millones de pesos) al programa Redes y su ayuda es para pago de honorarios e instrumentos para las orquestas de los muchachos”.

En abril de 2013, en entrevista con este semanario (Proceso, 1904) el director de orquesta egresado del Conservatorio Tchaikovski de Moscú, relató que Redes 2025 se fundó con recursos del Programa Hábitat de la Sedesol. Se pensó inicialmente en formar una orquesta comunitaria con niños de las colonias Libertad, Valle Vista, Granjas Familiares y Mariano Matamoros, pero ninguna contaba con un salón para reunir a cien niños.

Se optó entonces por integrar en cada una de estas colonias secciones musicales: ensamble de maderas, cuerdas, percusiones y metales. Cada grupo ensayaba por separado y para hacer los tuttis se reunían los sábados en el CAM y así se formaba una sola y grande orquesta. En aquella entrevista, el director orquestal resumió su experiencia con el programa:

“Para mí Baja California fue una posibilidad maravillosa de hacer coincidir mi pensamiento musical, mi ser como artista, como músico, con mi pensamiento ideológico-filosófico de una manera totalmente integral. Se rompió la línea entre el ser artista, maestro, promotor y estar en la comunidad, porque era una unidad…”

Y anticipó que se publicaría un estudio con los resultados e impacto de Redes 2025 en donde se muestra “cómo cambia la vida de los niños, y hasta su manera de pensar, quieran o no ser músicos en el futuro, cuando se les da la opción de hacer un trabajo colectivo”.

Destacó que no sólo se involucra a los 120 niños que integran una orquesta sino a sus familias y personas que les rodean, pues asisten al teatro a verlos tocar y mucha gente sale realmente conmovida, incluso llora, de ver la “fuerza visual y energética” de 120 niños tocando juntos o a un coro cantar.

Con el título Cuadernos para pensar y decidir, el Centro de Artes Musicales publicó en agosto de 2013 el Estudio Exploratorio de Impacto Social del Programa Redes 2025, coordinado por Ricardo Alfredo Morales Lira, Gerardo Guillermo León Barrios y José Ángel Ramos García.

En su número uno, el documento hace un recuento histórico sobre Redes, revela datos sobre los niños y jóvenes atendidos, como su lugar de procedencia, pues muchos llegaron a Baja California de otras entidades del país e incluso de California, Estados Unidos, así como el rango de edades que va de los 5 a los 19 años (con un promedio de 12 años), su escolaridad que es mayoritariamente de primaria, y la percepción y sentimiento que les provoca pertenecer a alguna de las agrupaciones del proyecto.

Se recogen además testimonios de varios de los estudiantes acerca del impacto que ha tenido el programa en sus vidas:

“Muchos de los amigos opinan que la música clásica es aburrida y aprender a tocarla es una pérdida de tiempo… Yo les diría que es también una forma de divertirse, y pues para no estar ahí nada más tiradote.”

“Yo era un niño de puro ocho de calificación, y ahora soy un niño de diez.”

“Me he quitado muchos vicios, como ver la tele, ver la computadora, ahora de vez en cuando las veo por gusto.”

“…vinimos muy inspirados, yo quería tocar violín, nomás que como no había nos dieron a mí y a mi hermano corno y me quedé ¡órale!, nunca lo había visto.”

Hay diversos videos en YouTube donde se pueden encontrar más testimonios de los niños participantes y sus padres, de artistas que han participado en el programa, como el compositor Arturo Márquez, así como fragmentos de ensayos y conciertos. Se cuenta en uno de ellos que el crimen organizado había ya vuelto sus ojos al reclutamiento de menores de edad y por ello era urgente encontrar alternativas contra el deterioro social.

En la entrevista concedida en 2013, García Barrios se preguntaba si puede una orquesta contribuir:

“¡Claro que puede! ¿Va a terminar con la violencia? No, porque al mismo tiempo debe haber otros programas que enlacen el trabajo; pero desde nuestra perspectiva, para la lucha contra la violencia la opción que podemos dar es musical y sería genial lograr cinco orquestas en cada barrio.”


Por ahora Redes 2025 cuenta con 17 espacios para la formación y práctica musical ubicados en Baja California, 13 de ellos en Tijuana, dos en Mexicali, uno en Ensenada y uno más en San Quintín. Y cada diciembre, los integrantes del programa participan en el concierto Finale en un escenario profesional y frente a un gran público.

Obtenido de: http://www.proceso.com.mx/?p=420727

sábado, 26 de septiembre de 2015

La leyenda de la misión perdida y otras aventuras

El antiguo diario de un misionero o la experiencia de un grupo de vaqueros podrían conducir al mítico lugar del que quizá sólo quedan huellas de sus cimientos


Carlos Lazcano Sahagún


Foto: El Vigía.
Uno de los temas que serán tratados dentro del Cuarto Festival de la Antigua California es el de la mítica misión perdida de Santa Isabel. Enrique Velazco, José Armando Estrada y Carlos Lazcano, ofrecerán un coloquio en el que se expondrán distintos puntos de vista sobre controversial tema. 

Y es controversial porque hay muchas personas que afirman que sí existió tal misión, mientras otros muchos lo niegan. Incluso hay quienes dicen que alguna vez la vieron, pero ya no recuerdan cómo volver a visitarla.

Hace algunos años realicé una caminata por toda la península, la que me llevó varios meses; el recorrido fue siguiendo las antiguas rutas del camino misionero que llegó a unir todas las misiones de nuestra península. Pues bien, cuando finalicé este recorrido recibí numerosas invitaciones para que diera pláticas y compartiera las experiencias vividas. En todas esas charlas era constante que me preguntaran si había visto la misión perdida o si había realizado la caminata para buscarla. Más de una persona quedó convencida de que habíamos realizado tal experiencia con el fin de encontrar dicha misión y poder echarle mano a los supuestos tesoros que ella contenía.

Por ese tiempo, una persona me pidió que organizáramos una, o varias expediciones, con el fin de buscar dicha misión. Yo le comenté que estaba dispuesto a hacerlo siempre y cuando partiéramos de algún supuesto o evidencia firme, ya que de otra manera buscaríamos a ciegas y la península es demasiado grande como para andar buscando al azar. La persona me dijo que tenía tales evidencias, se trataba de una serie de documentos en los que se mostraban pistas de la existencia de tal misión. Le pedí que me los enseñara para así poder analizarlos, interpretarlos y tener los elementos para iniciar tal búsqueda, sin embargo, esta persona, al principio, se negó a mostrármelos, ya que temía que yo pudiera divulgarlos o buscar por mi cuenta la supuesta misión. Desde luego, le garanticé que no haría ningún mal uso de tal información y que actuando éticamente, únicamente con dicha persona efectuaría tal búsqueda. La persona quedó satisfecha con lo que le dije y un día nos reunimos en su casa y me mostró las pruebas.

Para mi sorpresa yo conocía tales documentos y no recordaba que contuvieran alguna información sobre la misión perdida o algo parecido; la persona me dijo que el texto tenía información oculta que había que saber leer, que por eso no me había dado cuenta. 

Se trataba del diario de un misionero y por más que lo leía y releía, no lograba encontrar algo que pudiera interpretar como una información que condujera a un sitio o misión secreta.

La persona empezó a mostrarme las partes del texto donde supuestamente estaba dicha información. Por ejemplo, el misionero que escribió el diario llegó a una de las misiones más apartadas y comenta que se sorprendió de lo pobre que estaba. La persona interpretaba esto diciéndome que el misionero se había sorprendido de no encontrar candelabros de oro, ya que supuestamente a los misioneros jesuitas que se había expulsado de la península, se les acusaba de acumular oro sin reportarse al rey su parte. Yo le comenté que su interpretación no me parecía correcta, ya que al mencionar la pobreza de la misión, se refería a lo seco y árido del sitio donde estaba, no a la ausencia de materiales ricos. Sin embargo, la persona no quiso escuchar la interpretación que le daba y se aferraba a su versión del oro. Así interpretó otros textos del diario y, como eran interpretaciones que partían de premisas falsas, desde luego no conducían a ninguna misión ni nada por el estilo. Así que la búsqueda que íbamos a iniciar, ahí mismo concluyó, ya que no había ninguna base firme.


Huellas de una gran obra

posteriormente se me volvió a invitar varias veces a buscar la famosa misión perdida, pero igualmente no se partía de ninguna base firme. Incluso una persona decía que había visto la dichosa misión, pero cuando le pedí los detalles, de pronto sus recuerdos se borraban.

En una ocasión, cuando nos encontrábamos en una amena charla de fogata, unos vaqueros del desierto central me comentaron que ellos conocían la misión perdida. Dijeron que varios estadounidenses la habían estado buscando, pero que ellos nunca les revelaron del sitio. Les pregunté a estos vaqueros si me podían llevar a ella y me dijeron que sí. Ante esto, inmediatamente les pedí que pusiéramos fechas y así lo hicimos. En este caso los vaqueros no titubearon y me garantizaron que me llevarían a tal sitio.

Se llegó la fecha, así que me reuní con mis amigos vaqueros, preparamos mulas y caballos y cabalgamos durante dos días entre desiertos y pequeñas sierras. Después de esas dos pesadas jornadas llegamos a un paraje ya oscureciendo. "Aquí es el sitio”, me dijeron. Ante mi impaciencia tuvimos que esperar hasta el día siguiente.

A la mañana recorrimos a pie un pequeño tramo y entre la maleza empecé a ver los antiquísimos restos de una construcción que se apreciaba llegó a tener un buen tamaño. En realidad no quedaban muchos restos, pero se apreciaban bien los cimientos de lo que había sido dicha construcción y ciertamente eran de gran tamaño. Mi sorpresa fue mayúscula. 

Además vimos numerosos restos de objetos indígenas como cerámica, herramientas de piedra (puntas de flecha, metates, raspadores, dardos, cuchillos) y otros aspectos. Buena parte de ese día me la pasé haciendo un croquis, lo más exacto posible, de dichos vestigios. 

Los vaqueros me comentaron que desde que conocieron estos restos, ya eran ruinas, al igual que cuando los vieron sus padres y sus abuelos. O sea que eran vestigios fácilmente con más de cien años de antigüedad. Ellos me decían que sin lugar a dudas era la misión perdida.


Preguntas sin responder

Con la poca información que pude reunir, en los siguientes meses estuve buscando información sobre este sitio en varios archivos históricos, sin embargo no encontré nada, ni la más mínima referencia. 

¿Quién haría esta construcción? ¿para qué? ¿sería una misión? A mí no me lo parecía, pero de momento no lo podía descartar.

Varias veces volví a este sitio, bastante remoto e interesante, lleno de misterio, hasta la fecha, y siempre sigo preguntándome lo mismo. Espero algún día poder resolver este misterio y saber si en realidad fue una misión perdida o simplemente fue otra cosa. 

Otros candidatos de lo que pudo haber sido es el de un rancho, y yo me inclino más a algo minero, sin embargo por la zona no he encontrado nada que tenga que ver con minería.

Pronto volveré a esta misión perdida, pero no sé si la nueva visita me servirá de algo, ya que estos vestigios los he visto y fotografiado por todos lados, pero a veces salta algo que te puede llevar por un camino que no habías visto antes o que ni imaginabas. 

En todo caso me gustan los misterios. Qué bueno que existen ya que sin ellos la vida en la Tierra sería muy aburrida. Los misterios hacen todo interesante y nuestra querida Baja California aún encierra muchos de ellos.

Hay muchas cosas más que podría compartirles sobre la misión perdida y su búsqueda, pero eso lo estaré platicando durante el IV Festival de la Antigua California, el que se desarrollará entre los días 28 y el 30 de este mes. Específicamente el día 29, en el Cearte, en punto de las 19:00 horas ofreceremos este coloquio sobre la misión perdida. Están todos invitados, ya que se trata de un evento abierto.

Adelante, busquemos la misión perdida que todos llevamos dentro.

Publicado en el diario El Vigía el domingo 20 de septiembre de 2015

domingo, 30 de agosto de 2015

Misión de Santa Gertrudis: los inicios de una gran región

La poco conocida historia del padre Fernando Consag, habla de la fe, la perseverancia y el amor de un hombre por sus semejantes, los indios cochimí, en cuyo nombre fundó lo que hoy somos


Carlos Lazcano
(El Vigía)

El manantial de Santa Gertrudis. (Foto: El Vigía).
Cuando uno viaja hacia Baja California Sur, justo a la mitad de la península la carretera pasa por una gran región biogeográfica conocida como Desierto Central. En nuestro estado se le conoce como Valle de los Cirios y en Baja California Sur, como Vizcaíno. 

Si hoy nos sorprende y asusta su aridez, imaginémonos cómo estaría en la primera mitad del siglo XVIII, cuando penetraron a ella los primeros misioneros jesuitas, con la pretensión no sólo de evangelizar, sino la de civilizar.

Penetrar la región les llevó muchos años a estos hombres, quienes lo intentaron a partir de la misión de San Ignacio Kadaakamán, establecida en 1728, que actualmente es la más norteña de las misiones de Baja California Sur.

Desde mediados de los 1730’s, los jesuitas estaban decididos a seguir avanzando al norte; así, en 1737 se nombra al misionero croata Fernando Consag como titular de la siguiente misión más allá de San Ignacio, a esta nueva misión se le nombró Nuestra Señora de los Dolores del Norte. 

En ese tiempo no se conocía muy bien el Desierto Central, así que el padre Consag inició una serie de exploraciones con el fin de encontrar el sitio más adecuado para fijar la sede de su misión, y mientras tanto la administró desde San Ignacio, cuyo titular era el padre Sebastián Sistiaga.

Otra vista del manantial. (Foto: El Vigía).
Catorce años le llevó al padre Consag darse cuenta de que en el Desierto Central no existen sitios adecuados para fundar misiones. El mejor que encontró fue un paraje que tenía un pequeño manantial al que nombró La Piedad; ahí decidió trasladar la sede definitiva de su misión en el verano de 1751.

En los catorce años que anduvo buscando, es decir, el lapso entre 1737 y 1751, el padre Consag fue incansable. Desde San Ignacio efectuó numerosas exploraciones en el territorio de su misión -territorio del hoy estado de Baja California y municipio de Ensenada-, bautizando a mil indios cochimí, de quienes aprendió la lengua y sus costumbres. 

Tan largas fueron sus registros que en uno de ellos, efectuado en 1746, alcanzó la desembocadura del río Colorado, dando la demostración final de la peninsularidad de California, además de que registró numerosos parajes que recomendó para futuras misiones. También recorrió buena parte de la vertiente del Pacífico y entabló amistad con muchos de sus grupos indígenas. Penetró al Desierto Central conociéndolo a profundidad y registrando sus parajes más importantes.


Un evangelizador incansable

Templo de la misión de Santa Gertrudis. (Foto: El Vigía).
De este modo, el padre Consag se convirtió en el gran pionero de lo que hoy es nuestro estado de Baja California. En 1751, justo cuando trasladaba su misión a La Piedad, se le pidieron dos cosas: la primera, que la misión cambiaría de nombre, y ahora se llamaría Santa Gertrudis La Magna, esto debido a que la esposa de quien financió esta misión, se llamaba Gertrudis y puso como condición que el establecimiento llevara tal nombre; la segunda petición, la más difícil para Consag, fue que dejara su misión en manos del recién llegado jesuita alemán Jorge Retz, y él se hiciera cargo de San Ignacio, ya que no tenía titular porque el padre Sistiaga se había retirado debido a su edad y salud. Por eso Consag es el gran pionero de nuestro estado, el iniciador y fundador de lo que hoy somos.

El paraje de la misión. (Foto: El Vigía).
Fundar una misión en medio de la nada, era en el tiempo de Consag evangelizar en el fin del mundo, la frontera de lo conocido de la Nueva España. Durante muchos años eso fue la misión de Santa Gertrudis, los confines de México, el límite de la civilización y cultura occidental, y ese límite lo avanzó hasta ahí el padre Consag. Fue su proyecto de vida y murió en ese desierto, rodeado de sus indios. Una entrega así hoy no se entiende.

El templo de la misión de Santa Gertrudis luce hoy en día hermoso. Fue totalmente restaurado gracias a la labor incansable del padre Mario Menghini, otro gran misionero, pero comboniano y de nuestro tiempo. 

Muchos piensan que ese templo fue la máxima herencia de Fernando Consag. Esto es algo falso. Para empezar, dicho templo nunca lo conoció Consag. Esa construcción data de los 1790’s, cuando Consag ya tenía más de 30 años de muerto. 

A la izquierda, la espadaña de la misión. (Foto: El Vigía).
El templo, lo levantaron los misioneros dominicos, continuadores de la labor misional de los jesuitas. Pero el que no lo haya hecho Consag no le quita ningún mérito, ya que la misión no la hacía el templo, sino la labor que se desarrollaba, y la labor de Consag nunca fue superada.

El valor de la obra de Consag debe medirse no en función de un templo, sino en función de la implantación de la cultura occidental en nuestra tierra. Consag sembró y hoy nosotros cosechamos. La misión de Santa Gertrudis es nada más una de las huellas de Consag, un testimonio de su paso.


Lugar de tradiciones vivas

En la fiesta patronal de Santa Gertrudis. (Foto: El Vigía).
Hoy gracias a Consag, y a los continuadores de su obra, tenemos viejas tradiciones como la de la ganadería y los vaqueros; como la fiesta patronal de Santa Gertrudis, la más antigua de Baja California, ya que data de 1751; como la tradición de Semana Santa y Navidad; como la elaboración del vino, así como otros aspectos. 

Y es que aunque Santa Gertrudis La Magna dejó de funcionar como misión desde 1822, algo de ella sigue vivo, como son esas tradiciones que continúan, las que sus habitantes se encargan que no se pierdan y sigan.

Santa Gertrudis La Magna representa los inicios de nuestra identidad, de nuestras raíces, y el que puso las primeras semillas del presente fue Consag. 

Celebración religiosa en Santa Gertrudis. (Foto: El Vigía).
Actualmente ¿quién siembra valores en Baja California? ¿quién da su vida por esta tierra? ¿quién abandona títulos, honores, privilegios para que esta tierra mejore? ¿quién ofrece lo mejor de sí mismo para que Baja California avance? ¿quién ama Baja California? ¿quién nos da ejemplos de entrega y fe en el futuro como nos lo dieron los misioneros? ¿quién continúa la obra iniciada por nuestros fundadores? ¿quién mantiene sus valores, esos que nos dieron rumbo y sentido y que hoy por hoy parece que se han perdido? 

Santa Gertrudis La Magna representa nuestros difíciles inicios y Fernando Consag la fe, la perseverancia y amor de un hombre por sus semejantes, los indios cochimí, en cuyo nombre fundó lo que hoy somos. Por desgracia esta historia es muy poco conocida y no se enseña en las escuelas. Ningún libro que presente la historia oficial de Baja California hablará sobre Fernando Consag, ni que los humildes inicio se dieron en Nuestra Señora de los Dolores del Norte-Santa Gertrudis, ni tampoco que hubo un fundador de nuestro estado, ni los valores que lo motivaron, ni mucho menos que todo lo hizo por amor.

 Obtenido de: http://www.elvigia.net/general/2015/8/30/mision-santa-gertrudis-inicios-gran-region-209284.html el domingo 30 de agosto de 2015.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Misión dominicana de San Vicente Ferrer

Centro militar y administrativo de las misiones de la zona fronteriza


Hilda Ortiz Vargas
hilortiz@informador.com.mx

Ruinas de la misión de San Vicente Ferrer.
 (Foto: www.observaturbc.org).
Se localiza a 90 kilómetros al Sur de Ensenada y a 110  al Norte de San Quintín por la carretera federal No. 1, a 1 kilómetro al Norte del poblado San Vicente. Es decir, 190 kilómetros al Sur de Tijuana. 

Desde su fundación, el 27 de agosto de 1780, se convirtió en una sólida muralla que protegía a los demás centros religiosos de los ataques de los indios rebeldes.

Fue la tercera misión dominica que se construyó sobre el Camino Real. La fundaron los frailes Miguel Hidalgo y Joaquín Valero, con la autorización del gobernador don Felipe de Neve. Desde su fundación se convirtió en el centro administrativo y militar de las misiones fronterizas.

Fue una de las pocas misiones dominicas que no tuvo que ser reubicada de su emplazamiento original. Además, estaba situada estratégicamente, en el centro de la ruta hacia la Alta California y Loreto, y el camino que conectaría con la desembocadura del Río Colorado, lo cual la convirtió de manera natural en capital de la frontera.

Esta misión-presidio, establecida en 1780, fue la más grande y próspera de la frontera norte de la antigua California. Esto ya indica la primera ventaja: sus dimensiones y diversidad.

La misión se construyó en una planicie llamada hoy en día Llano Colorado, debido a las rocas volcánicas erosionadas de color rojo.

La Misión de San Vicente Ferrer, al igual que todas las establecidas en el continente americano, fue construida en un sitio escogido por las características del terreno, definitivamente apto para el desarrollo de las tareas acostumbradas a realizar por los religiosos y militares de la época, además de la topografía amable, indispensable para la conversión de la población indígena local al cristianismo.

Fue establecida en el borde occidental de la cuenca de San Vicente, abundante en agua, tierras y pastizales; el agua proveniente del arroyo San Vicente permitió que esta misión desarrollara una agricultura basada en el cultivo del maíz, trigo, fríjol y cebada (en ocasiones) en aproximadamente 83 hectáreas; se explotó también el ganado vacuno, caprino y ovino. Las plantas silvestres como el mezcal, jojoba y diversas clases de cactus también fueron aprovechadas.

En su momento de auge funcionó como centro de operaciones militares, pues, además de estar situada en la frontera, contaba con un pequeño fuerte. Al poco tiempo fue abandonada y en la actualidad sólo se conservan los restos de algunos muros.


Conjunto misional

Fue el más grande de los establecimientos dominicos donde los edificios se dividían en dos partes: el centro religioso, que contaba con templo, cocina, comedor, celdas para los misioneros, dormitorios para los indios y almacén; la otra servía para satisfacer las necesidades de la escolta militar. La construcción estaba rodeada por una muralla con torres de vigilancia; además, tenía una presa, canales de piedra para riego y un sistema de desagüe hacia los campos de cultivo.


Sistema de construcción

Los edificios del conjunto fueron construidos de adobe, con cimentación de piedra de canto, colocada a una profundidad de 90 cms. y unida con una mezcla de mortero de arcilla, arena y cal. Sobre los cimientos descansaban los adobes colocados alternadamente y pegados entre sí con la misma mezcla, formando los muros de 0.90 a 1.10 metros. El adobe fue hecho con tierra del lugar, agua, arcilla, arena y paja para darle mayor resistencia. Probablemente los muros alcanzaban una altura de 4.50 metros, y los techos se entretejieron con ramas de tule sobre vigas de algún tipo de tronco de árbol de la región o con teja de barro, y baldosa en el piso.

En la Misión San Vicente Ferrer se han llevado a cabo interesantes excavaciones arqueológicas, como parte fundamental de un ambicioso proyecto que contempla la investigación, protección y su conservación. 


Trabajos realizados por el INAH

El Instituto Nacional de Antropología e Historia inició sus programas en Baja California a través del Centro INAH-BC en 1986. A partir de esa fecha, esta institución del gobierno federal ha venido trabajando en la conservación y el estudio de los sitios misionales en la entidad. La delimitación de estos espacios de valor cultural fue uno de los primeros objetivos.

Dentro del proyecto denominado Corredor Histórico “Camino Real Misionero de las Californias” (CAREM), establecido por el INAH, se hicieron, entre otras, las siguientes labores.

Arqueología histórica, limpieza de los sitios y cercado de su perímetro, aplicación de recubrimientos de adobe (o capas de sacrificio) para proteger los muros, cédulas informativas, señalización y construcción de casetas de control de visitantes.

Los vestigios de los muros continuarán con la protección de una mezcla de arcilla, arena, baba de nopal y estiércol, a manera de recubrimiento de adobe o “capas de sacrificio” que los protegen de los vientos, el sol y la lluvia. La función de las capas de sacrificio es la de proteger los muros originales.


Obtenido el 19 de agosto de 2015 de: http://www.informador.com.mx/suplementos/2008/54717/6/mision-dominicana-de-san-vicente-ferrer.htm

sábado, 19 de febrero de 2011

Los cazadores fueron muy importantes


Ecoanálisis


Alberto Tapia Landeros*



En el desarrollo de la humanidad como especie cultural, capaz de imaginar y perpetuar signos y símbolos considerados ladrillos de la cultura, hubo una etapa conocida como sociedades “cazadoras recolectoras”. Es decir, cuando el hombre vivía de recolectar semillas, raíces, huevos, miel, frutas, flores y demás alimentos básicos. Pero no dejaba pasar la oportunidad de atrapar una lagartija o ratón que le saliese al paso, y eso era “cazar” en su forma más rudimentaria.

Resulta obvio que aquellos grupos que vivían en la ribera de un río o lago, o en playa de mar, tampoco desaprovechaban la oportunidad de atrapar un “gruñón”, como se le llama en la costa del océano Pacífico al pejerrey del Golfo de California, especies, como otras, que desovan en la playa. Esta práctica cultural no era formalmente “pescar”, sino oportunismo.

No obstante, varios misioneros reportaron que los kumiai costeros desde la hoy Playas de Tijuana y hasta Ensenada, BC, traían redes cortas atadas a la cintura, sin duda para atrapar “gruñones”, particularmente durante primavera y verano. Entonces el nombre genérico de “cazadores recolectores” incluía la pesca, aquella que se hacía ante la oportunidad y seguramente inició a mano limpia. En justicia, el genérico debería ser el de “cazadores pescadores recolectores”.

Sobre todo a partir de la extinción de la megafauna del Pleistoceno, cuando desapareció el mamut, mastodonte, perezoso gigante terrestre, camellos y caballos americanos, antaño fuente de alimento para los primeros humanos que colonizaron este continente. El amerindio se vio obligado a sustituir la carne roja con la de peces y moluscos de playa y ribera, aunque siguió cazando búfalo en la pradera, venado cola blanca en el este; cola negra y bura en el oeste, así como berrendo y borrego cimarrón.

Pero crónicas jesuitas cuentan que esto no era muy frecuente. Por ejemplo, el padre Juan Jacobo Baegert escribió: “Nadie podrá deducir que en California haya buena caza y que, en consecuencia, los californios y sus curas comen carne con frecuencia o, que estén bien provistos de carne de venado. Tan raras veces me he llenado con carne de pájaros o aves en general, como con la del venado o liebres… si se quisiera dar expresamente el encargo a un cazador, como se acostumbra hacer entre nosotros (los misioneros), resultaría un fracaso, porque tendría uno que quedarse en espera del asado desde los Santos Reyes hasta el miércoles de ceniza”.

Baegert, misionero jesuita de origen alemán, también valora la población de borrego cimarrón: “En las cumbres más altas de la sierra que atraviesa California de Sur a Norte, hay animales que son enteramente iguales a nuestros borregos, salvo los cuernos que son muy gruesos, más largos y mucho más encorvados. Cuando se sienten perseguidos, suelen dejarse caer de cabeza sobre estos cuernos desde las cimas más altas, sin sufrir daño alguno”. Más adelante acepta que “No pueden ser muy numerosos (los borregos cimarrones), porque no he visto ninguno, ni nunca la zalea en manos de los indios”, con lo cual se contradice y funda el mito del “super borrego”.

Pero quienes nos antecedieron en estas tierras, sí fueron buenos pescadores. Otro misionero, Fray Luis Sales dejó esta constancia: “Son muy buenos pescadores y algunos abastecen a todo un concurso de parientes. Sólo que tienen la vana observancia de que el pescador no debe comer el pescado que coge porque será desgraciado en el mar; y así, los demás comen todo el pescado y él se contenta con las frutas que le traen sus parientes”, sus parientes recolectores. Esta creencia, parte de su cultura subjetiva e inmaterial, pudo haber tenido algún sustento ambiental que no alcanzamos a percibir los modernos.

Sales aporta también otro testimonio de la importancia del cazador cuando escribe que cazar era tan importante, que aquel que fracasaba en el intento, prefería suicidarse en un despeñadero que regresar a su aldea con las manos vacías.

Si esta creencia hubiese persistido hasta nuestros días, habría muy pocos cazadores. Basta entrar a una tienda departamental para encontrar en venta todos los frutos de la caza, pesca y recolección del pasado, así como la tecnología generada a la fecha. Ahora otros cazan, pescan, recolectan e inventan por encargo nuestro, y afortunadamente no tenemos que esperar meses por el asado como Baegert.

*El autor es profesor-investigador del CICMuseo, UABC.

altapialanderos@gmail.com


Obtenido el 19 de febrero de 2011 de La Crónica.

viernes, 11 de febrero de 2011

¡Qué frío!


Ecoanálisis


Alberto Tapia Landeros*



La mañana del jueves 3 de febrero pasado, me asomé por la ventana de casa y vi una escena que hacía mucho no veía. La pequeña bandeja de piedra en nuestro jardín, que es abrevadero de gorriones, palomas inca y chanates mexicanos, tenía su agua congelada, todavía a las siete de la mañana. Algunos gorriones asombrados picaban el hielo o se resbalaban en él.

Para estos diminutos pájaros de corta vida, quizá era el primer hielo que experimentaban en su vida. Y si se congeló este delgado espejo de agua es porque seguramente el termómetro descendió a muy cerca de los cero grados centígrados. La noche anterior los noticieros televisivos anunciaban records rotos de bajas temperaturas para algunos lugares serranos del Norte mexicano. Ciudad Juárez estaba a menos 14°C. El Este estadounidense era azotado por la peor tormenta invernal de los últimos 40 años. Europa está paralizada por el hielo. No obstante, para cuando usted lea esto, el termómetro habrá ascendido y hay quienes predicen clima primaveral para este domingo. Esperemos que así sea.

En la historia de esta ciudad ha habido dos nevadas. Una en 1928 y otra la noche de Guadalupe de 1932. Desde entonces Mexicali no ha vuelto a vestirse de blanco. Cuando asistía a la Primaria Leona Vicario, recuerdo que alrededor de 1953, vi escenas heladas en la ruta desde la calle Bravo a esta histórica escuela mexicalense. Los techos de las casas estaban cubiertos de hielo y hasta estalactitas colgaban de algunos de ellos. Alrededor de los años sesenta, algunas mañanas invernales tuvimos que romper el hielo del tambo de agua donde lavábamos las gamuzas para limpiar los vidrios de los carros de nuestros clientes, en la gasolinera Unión 76 de Bravo y Obregón. Mi padre les recomendaba agregar alcohol a los radiadores para que no se congelaran y se partiera el bloque del motor.

Para 1980 el promedio de días de heladas en la historia de Mexicali era de 20 en el año. Pero en las últimas dos décadas del siglo pasado las bajas temperaturas se ausentaron, al menos, en esta parte de Baja California. “Es el cambio climático”, dijimos. “El calentamiento global ya no permite heladas en el desierto”. Pues no. Sí hay un cambio climático pero al parecer errático, o al menos extremo. Inviernos más fríos y veranos más calientes. Y pudiese resultar que el frío agudo desencadene una nueva era del hielo.

En la historia climática de Europa se tiene bien identificada la llamada “pequeña era del hielo”, la cual aconteció a partir de 1690 y hasta 1750, para repuntar de nuevo en 1850. Fueron inviernos de hielo perpetuo para Inglaterra, Alemania, Francia, España, Portugal y Norte de Italia. Y no se diga en la antigua Rusia. La cuna de la cultura moderna occidental ya vivió lo que es una era glacial.

En América todavía no hay estudios concluyentes que nos digan si aquel frío se manifestó aquí también. Sólo notas aisladas en diarios misionales como el de Wenceslao Linck, primer europeo que divisó la Sierra de San Pedro Mártir desde el Sur. Llegó hasta ver los primeros pinos y una nevada casi los congeló, excepto a dos alemanes reclutados para la expedición y que posiblemente estaban aclimatados a tan bajas temperaturas. Esto sucedió en 1766, año intermedio del último periodo glacial europeo mencionado. Y como los nativos peninsulares no desarrollaron algún tipo de escritura, tampoco dejaron registro de hielos del pasado en Baja California.

Según los mapas construidos recientemente sobre la última época de hielo en América, la frontera glacial sureña no llegó hasta lo que hoy es México. De cualquier manera, nuestras sierras, como Juárez y San Pedro, incluso quizás hasta El Centinela y El Cuchumá, debieron tener nieve durante todos los inviernos de hace 12 mil años para atrás. Entonces estábamos en el primitivismo o salvajismo. Pero ya dominábamos el fuego y las herramientas de piedra. Sobraba leña y escaseaban los humanos. Cualquiera podía encender una fogata y no congelarse.

Si se diera otra repentina “pequeña era glacial” seguramente sobreviviríamos debido a la vasta tecnología generada en los últimos dos siglos.

Gracias por sus correos. Al parecer los “periqueros” tienen tomada la ciudad. ¡Los reportan de todas partes!

*El autor es profesor-investigador del CIC Museo, UABC. Correo electrónico: altapialanderos@gmail.com Publicado originalmente en el diario La Crónica el 6 de febrero de 2011.

lunes, 24 de enero de 2011

Palmas de Baja California

Ecoanálisis

Alberto Tapia Landeros*



En muchas ocasiones he escuchado a personas decir que las palmas que habitan los cañones de nuestras sierras fueron plantadas por los misioneros. No es cierto. Esas palmas son naturales, nativas de la península. En el Estado 29 se trata de tres especies:

La palma de abanico (Washingtonia filífera), la palma robusta (Washingtonia robusta) y la palma azul o ceniza (Erythea armata). Éstas son las palmas de los cañones de Guadalupe, El Carrizo, El Tajo, El Palomar y Palmas de Cantú, entre otros muchos. Son endémicas de la península. En el Estado Sur hay una especie más, la palma colorada (Erythea brandegeei), e Isla de Guadalupe tiene su palma endémica de Guadalupe (Erythea edulis).

Actualmente hay palmas en todas las ciudades del Oeste americano. Muchas de ellas son descendientes de estas tres especies nativas nuestras. Su fruto es muy pequeño, con una gran semilla y poca pulpa para comer. En las ciudades, con los años se han cruzado entre ellas y resulta difícil identificar cada especie.

Pero las palmas datileras que rodean las misiones jesuitas y las muy conocidas de San Ignacio, Mulegé y Loreto sí fueron plantadas o sembradas por los misioneros. Esto quizá sea el origen de la confusión.

La palma datilera (Phoenix dactylífera) es originaria de Arabia. El antropólogo Homer Aschman investigó y publicó en 1957 sobre el origen de este árbol frutal en la península bajacaliforniana. Por cierto, se estima que históricamente ésta fue la primera planta domesticada por el hombre, quizá en la antigua Mesopotamia.

Algunos historiadores proponían el año de 1730 como el de la llegada de la datilera a Baja California. Pero Aschman opina que es muy difícil, casi imposible que las palmas llegaran antes que los misioneros franciscanos que arribaron en 1769.

Arthur North, un estadounidense que viajó de San Diego a Los Cabos a lomo de bestia en 1906, publicó que la palma datilera llegó a esta península tan temprano como en 1730. Aseguraba haber tenido acceso a viejos manuscritos misionales en los archivos de San Francisco que fueron destruidos por el gran incendio de 1906, año también de la gran inundación aquí en Mexicali.

Las investigaciones de Aschman apuntan a que la datilera llegó alrededor de 1765 a Baja California Sur. En 1800 los palmares datileros de San Ignacio produjeron 200 arrobas de fruta seca y para 1885 entre San Ignacio y Mulegé alcanzaron a producir 3,000 arrobas (una arroba equivale aproximadamente a 10 kilogramos).

A los Estados Unidos llegaron las primeras datileras en 1890. En 1899 se trajeron de Algeria cantidades importantes de cepas y semillas. Su perfeccionamiento en el Valle de Coachella nuestro vecino de California, habla muy bien de la excelente cultura del dátil que ahí se tiene.

No obstante todo lo anterior, la obra Historia de los indios de Nueva España, de Toribio Motolinía de Benavente, habla de una importación de palmas datileras de España al centro de México. Pero en el altiplano mexicano no existen las condiciones desérticas que Phoenyx dactylífera requiere para vivir. Aschman cree que pudo haberse tratado de Phoenyx caniariensis, una especie más tolerante.

¿Alguien se ha fijado si hay datileras en el centro de México? Y si las hubiese, ¿Son sus dátiles iguales a los bajacalifornianos? De cualquier manera, los dátiles bien cultivados son una excelente fruta rica en energía y sabor. ¿Ha comido dátiles con queso? ¿Malteada de dátil en Coachella? ¿Pastel de dátil en Cataviñá? Ahora usted está informado sobre las palmas en nuestro entorno.

En las costas sureñas del Golfo de México, el Caribe y sur del océano Pacífico, abunda la palma cocotera (Cocos nucifera), que da el coco del que bebemos su agua, comemos su pulpa y hacemos dulces. Esa especie no ha podido conquistar las playas desérticas peninsulares de forma natural, a pesar de ser capaz de enviar su semilla dentro del coco que puede flotar y navegar grandes distancias en busca de nuevas playas para germinar. Inteligente estrategia no sólo reproductiva sino expansiva que las nuestras, ni la datilera tienen.

¿Puede usted distinguir datilera, cocotera y nativas? Las nuestras nativas tienen hojas en forma de abanico (palmeada). La cocotera y datilera en forma de pluma (pinnada). Desierto y trópico son el hábitat natural de la familia Aracaceae, las palmas.


*El autor es profesor-investigador del CICMuseo, UABC.
altapialanderos@gmail.com


Obtenido el 24 de enero de 2011 de: http://www.lacronica.com/EdicionImpresa/EjemplaresAnteriores/BusquedaEjemplares.asp?numnota=718503&fecha=23/01/2011

sábado, 24 de julio de 2010

Historia de la Facultad de Derecho Mexicali de la UABC


Introducción

El desarrollo histórico de la hoy Facultad de Derecho se inicia desde el año de 1957 al crearse la Universidad Autónoma del Estado de Baja California, pero su instalación formal se retrasó por 16 años. De 1957 hasta el 27 de octubre de 1973, surgen peticiones de alumnos preparatorianos y universitarios para crear la carrera de Derecho, y en última instancia, la escuela, ante las autoridades universitarias y de Gobierno.

El movimiento estudiantil de México, de 1968, se reflejó en Baja California, con los estudiantes al realizar protestas, mítines, toma de terrenos, edificios y de autobuses, etc., como medio de presión. A partir del 27 de octubre del '73, con la aprobación de la carrera de Derecho por parte del Consejo Universitario en sesión ordinaria celebrada en dicha fecha en la ciudad de Tijuana, Baja California, se inició el desarrollo institucional de la hoy Facultad de Derecho, Unidad Mexicali.


Los primeros años

En 1959, la Federación de Estudiantes Universitarios de Baja California, solicitó al gobernador del Estado, ingeniero Eligio Esquivel Méndez, su colaboración para que se iniciaran las labores con la mayor brevedad posible en la Facultad de Derecho, argumentando la necesidad de contar con profesionales en la administración de la justicia que egresaran aquí mismo en el Estado. Aparte de los jóvenes deseosos de estudiar ésa carrera, existían en ese momento, adultos que habían truncado sus profesiones al no haber podido salir fuera del Estado a proseguirlas por falta de recursos económicos; y si se creaba la carrera de Derecho aumentaría el número de interesados después de darse a la publicidad la apertura.

Existía una participación muy dinámica en la década de los sesenta, y más aún, en la siguiente, ya claramente señalada con una tendencia ideológica izquierdista importante, como producto de los cambios sociales, políticos y económicos que se generaban en el mundo. Hacia 1962, los estudiantes de la Preparatoria Mexicali a través de su representante Amparo Caro Ramírez, en la sesión del Consejo Universitario celebrada en Ensenada el 12 de mayo de ese año, dio lectura a un oficio que la Sociedad de Alumnos de la citada escuela enviaba, solicitando entre otras cosas, la Creación de la Escuela de Derecho.


Iniciación de clases

El 13 de septiembre los estudiantes Francisco Roldán, Jesús Guitrón, David Anguiano, Leopoldo Félix y Manuel de Jesús Ibarra, se presentaron a la redacción de La Voz de la Frontera con el fin de invitar a los aspirantes de Derecho para presentarse a clases, las cuales se iniciarían el día 17 a las 15 horas, en la escuela de Ciencias Políticas y Sociales; para entonces existían 80 solicitudes de aspirantes a Derecho. La mayoría de ellos estaban de acuerdo en iniciar la licenciatura dentro de Ciencias Políticas y no en una facultad, ya que "en la primera forma señalada es similar el plan de estudios que se lleva en la mencionada escuela, con la carrera que pretenden crear." Había ocho licenciados en Derecho que estaban dispuestos a impartir clases, y que lucharían ante las autoridades universitarias para que la licenciatura en Derecho fuera reconocida oficialmente.

Como de hecho no existía la carrera de Derecho, la Dirección de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales no apoyó la idea de que en ella se dieran las clases, aunque esto no implicaba que se opusiera a la creación de la misma. Hay que mencionar que meses atrás, la Escuela había tenido problemas con los estudiantes y habían tomado la Dirección como protesta.

Esta declaración influyó para que los alumnos decidieran salirse de la Escuela y levantar una enramada en los patios de la Unidad Universitaria, ubicada en el espacio que hoy ocupa el edificio de Investigación y Posgrado; "hubo un maestro que nos regaló algunos mesabancos semidestruidos y fuimos por ellos, a unos les faltaba la paleta, a otro le faltaba la tapa, y así hicimos nuestra escuela y no faltó alguien que hizo un letrero y lo pusimos".

El lunes 24 de septiembre de 1973, los alumnos de la "Carrera de Derecho" iniciaron sus primeras clases, entre los maestros sobresalieron los licenciados Jesús Reséndiz y Belmont, Manuel Ibarra, Alfredo Cruz Mora; Santiago Olvera Alpuche, Jorge Guridi y Alfredo Rocío. Las materias que empezaron a llevar fueron Derecho Civil, Sociología, Economía, Introducción al Estudio del Derecho y Derecho Romano.


La Escuela de Derecho

De 1973 hasta 1979 se dieron las bases para el funcionamiento de la escuela, estableciendo un programa organizacional con un plan de estudios provisional, tomado prestado de la UNAM, la contratación de maestros, en su mayoría eran profesionistas sin formación pedagógica, cuyo apoyo fue esencial para iniciar el despegue a la carrera de Derecho. En esta época, los alumnos, que integran un binomio perfecto junto con los maestros, fueron un elemento importante en este proceso. La mayoría de ellos, integrantes de la primera generación que ingresó a Derecho en noviembre de 1973, eran ya personas maduras y no escolares recién salidos de las preparatorias en el Estado.

El ambiente universitario en ese tiempo era difícil en el ámbito nacional; las universidades, y en particular la de Baja California, era considerada institución privilegiada; el socialismo buscaba ganar terreno en las mismas a través de los estudiantes y maestros radicalizados en el Estado; la Universidad no fue la excepción y aparte de los movimientos políticos que se produjeron, los estudiantes contaban con bastante fuerza moral como para expulsar directores, subdirectores y/o maestros que consideraban que no cumplían con su trabajo como debía ser.

En ese contexto, se realizaron las administraciones de los licenciados Guillermo López de la Peña (1973-1974), Miguel Gárate Velarde (1974-1976) y Héctor Manuel Gallego García (1976-1979) y podemos considerar, que fueron años difíciles para ellos como directores. A esta fase la denominamos de "organización" de la escuela, al promoverse con estos profesionistas las bases para un futuro desarrollo académico y administrativo de la institución. Bajo este contexto universitario dicha unidad académica fue sentando las bases para su propio desarrollo, al establecerse y contratarse maestros y personal administrativo, aplicarse un primer plan de estudios, promover programas de superación para docentes a través de cursos y lograr una inscripción de 124 alumnos.

Podemos considerar que la función docente junto a la académica se va desarrollando paulatinamente, de una manera muy local, ya que hasta antes de 1980, cada Escuela o Facultad tenía sus propias políticas en esas áreas; y así, las convocatorias para iniciar cursos escolares, requisitos de ingreso, exámenes de admisión, control de estudiantes, inscripción de alumnos y contratación de maestros, se hacía por parte de las mismas, ya que no había aún una centralización de estas actividades de parte de Rectoría; por lo anterior en la Escuela de Derecho hubo preocupación por hacer reformas al Plan de Estudios, y a fin de hacer más culto al abogado se intentó establecer nuevas técnicas pedagógicas que coadyuvaran en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La Escuela de Derecho fue modificada al separarse las funciones administrativas y académicas con la organización de las subdirecciones respectivas. En particular, la subdirección académica desarrolló diversos programas relacionados con el quehacer docente académico y estudiantil, al reformar el plan de estudios en 1980, reestructurarse algunas áreas de las coordinaciones en 1982, y conformar la planta docente con maestros de tiempo completo y medio tiempo; crearse los semestres continuos; apoyar a los programas de servicio social de los alumnos y proyección de éstos a través de eventos culturales (conferencias, simposios, congresos estudiantiles y mesas redondas), iniciándose así la vinculación de la Escuela con su entorno social. También cabe mencionar que se consiguieron becas para los maestros a fin de continuar sus estudios de posgrado.

La gestión del licenciado Francisco Javier Pereda Ayala fue significativa por esos cambios, iniciándose la fase de desarrollo. Importa destacar la participación activa de los licenciados Luis Javier Garavito Elías y Marina del Pilar Olmeda García, quiénes como subdirectores académicos impulsaron estas actividades; en los años subsecuentes estas políticas se afianzaron y se puede observar un desarrollo lineal consolidado en las administraciones posteriores.

En 1985, se llevó a cabo la homologación del Plan de Estudios junto con el de la. Escuela de Derecho de Tijuana; se inició el proceso de regularizar a los alumnos que iban atrasados en su carrera e igualmente se apoyó la regularización de los alumnos egresados normalmente, implementando cursos de titulación, a fin de facilitar el proceso de terminación de estudios y por último, el haber transformado a la Escuela de Derecho en Facultad, al establecer un programa de posgrado, con una maestría y siete especialidades en Derecho Público en el año de 1987. Se aprobó la propuesta el 18 de abril de 1987, en tanto que el Consejo Universitario, en sesión celebrada el 15 de mayo de dicho año, aprobó primeramente los planes y programas de estudios ya citados, e inmediatamente se abocó a aprobar el cambio a Facultad.


La Facultad de Derecho

El licenciado Luis Javier Garavito Elías como director, apoyó también el intercambio académico interno así como al exterior, fomentó también el acercamiento personalizado con los alumnos, preocupándose por su desarrollo escolar y personal, a lo que se agregó el impulso deportivo, ya iniciado en otras administraciones.

Durante la gestión rectoral del licenciado Alfredo Félix Buenrostro Ceballos (1987-1991), se estableció el programa denominado de vinculación, el cual consistía en promover el acercamiento entre maestros y alumnos y de éstos hacia la sociedad, a través de conferencias, cursos, simposios y encuentros deportivos. La Facultad desarrolló en materia editorial, la publicación de la Revista de Ciencias Jurídicas, cuyo primer y único ejemplar fue editado en la administración siguiente del licenciado Luis Llorénz Báez.

Durante la gestión de Francisco Gutiérrez Espinoza se puso en práctica la interdisciplinaridad académica a través de la flexibilización curricular, misma que tenía varios objetivos; favorecer la creación de programas de estudio, optimizar la oferta académica, promover la participación más dinámica del estudiante en el transcurso de carrera profesional, específicamente "al incorporar al alumno en distintos programas de diferentes unidades académicas y otras universidades". La tecnología ingresó a la Facultad, sustituyéndose las máquinas de escribir por las modernas computadoras, iniciándose otro aspecto en cuanto a procedimientos para guardar información escolar.

A partir de 1996, con el licenciado Daniel Solorio como designado como Director de la Facultad de Derecho, en materia estudiantil fue su preocupación promover la sólida formación de los egresados. Esta administración se caracterizó por un crecimiento interno en cuanto a actividades académicas, ingreso de maestros y bienestar material. En el aspecto académico sobresale en primera instancia, el proyecto del nuevo plan de estudios de la Facultad de Derecho, que vendría a ponerse en práctica a partir del ciclo escolar 1999-1. Este plan, en víspera de autorizarse por el Consejo Universitario en diciembre de 1998, es distinto al último establecido en 1984 y tiene por objeto la flexibilización; es decir, que el alumno pueda escoger las materias optativas según su interés propio. También es propósito de esta administración, reiniciar los cursos de posgrado, para el siguiente año de 1999.

En esa misma área se estableció un programa radiofónico, cuyo objetivo principal es entrevistar a profesionistas en general, y a abogados que se han destacado en las diversas disciplinas jurídicas: penal, electoral, laboral, etcétera; la mayoría, maestros de la Facultad, quiénes participan en esta actividad cultural.

Actualmente, bajo la administración de la licenciada María Aurora Lacavex Berumen, se continúa la labor de la Facultad de Derecho, vinculando tanto a alumnos, docentes, egresados y estudiantes de posgrado, de tal manera que el avance obtenido a lo largo de veintinueve años de historia siga dando frutos a la sociedad mexicalense. Se promueven una serie de actividades enfocadas integrar al estudiante con el quehacer social. Hay un énfasis primordial en el dominio de un segundo idioma antes de concluir los estudios de licenciatura; la movilidad estudiantil en ambos sentidos; la asimilación del sistema de tutorías, propio a los planes flexibles, así como la creación de un nuevo programa de radio y la producción del primer programa de televisión, ambos con claro enfoque hacia el servicio a la comunidad.

A treinta años de desarrollo, la Facultad de Derecho Mexicali sigue actualizándose y trabajando en conjunto con alumnos, docentes y sociedad. Goza del privilegio de reconocimientos a sus egresados por alto rendimiento en el Examen General de Egreso de la Licenciatura, efectuado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, A. C. (CENEVAL), constituyéndose así como una de las cinco mejores en su área, a nivel nacional.


Obtenido el 24 de julio de 2010 de: http://derecho.mxl.uabc.mx/